La forma en que tienes configurado tu escritorio influye más en tus ojos de lo que imaginas. Aquí te explicamos cómo mejorar eso sin complicaciones
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La mayoría de la gente coloca el monitor donde cabe, sin pensar en la altura, la distancia o la luz que entra por la ventana. Ese descuido se paga con ojos irritados, dolores de cabeza al final del día y dificultad para concentrarse después de unas horas de trabajo.
No se trata de gastar dinero en equipos especiales. En la mayoría de los casos basta con recolocar la pantalla unos centímetros, cambiar de sitio la lámpara o ajustar el brillo del monitor según la hora del día.
Los cambios más sencillos suelen ser los que más se notan. Por eso hemos reunido en esta guía solo lo que realmente marca diferencia, explicado de forma directa y sin rodeos.
Repasa esta lista rápida y comprueba cuántos puntos ya tienes cubiertos
Monitor a un brazo de distancia
50–70 cm desde tus ojos hasta la pantalla
Borde superior al nivel de los ojos
O ligeramente por debajo, nunca más alto
Luz natural entrando por el lateral
Sin reflejos ni ventana de frente a la pantalla
Brillo ajustado al ambiente
La pantalla no debería brillar más que la habitación
Pausas visuales cada 20 minutos
Mira a lo lejos 20 segundos para relajar los ojos
Postura con la espalda apoyada
La cabeza en posición neutra reduce la tensión ocular
La distancia y la altura de la pantalla son lo primero que hay que revisar. Un monitor demasiado alto obliga al cuello a inclinarse hacia atrás; muy bajo fuerza la vista hacia abajo. A un brazo de distancia y con el borde superior a la altura de los ojos es la posición ideal.
Busca que la luz natural entre por el lateral de tu mesa, no de frente ni desde atrás. Si usas una lámpara de escritorio, que ilumine el papel o el teclado, no la pantalla. Una iluminación uniforme sin zonas muy oscuras ni muy brillantes es lo que menos cansa a los ojos.
Muchos sistemas operativos y aplicaciones permiten ajustar el tono de la pantalla según la hora del día. Por las tardes, reducir la luz azul y cambiar a tonos más cálidos ayuda a que los ojos no se esfuercen tanto y facilita el descanso después del trabajo.
Frente a la pantalla parpadeamos mucho menos y los ojos se secan con más facilidad. Parpadear de forma consciente cada cierto tiempo ayuda. Si la sensación de sequedad es frecuente, las lágrimas artificiales sin conservantes son un recurso sencillo y eficaz.
Cada 20 minutos de pantalla, mirar durante 20 segundos a algo que esté lejos relaja los músculos internos del ojo. No hace falta levantarse: con apartar la vista de la pantalla unos instantes ya se consigue un alivio notable a lo largo del día.